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Seychelles: por qué este paraíso es uno de los lugares más fascinantes del mundo

Anclado en el bucle de su reciente pasado colonial, este remoto archipiélago de 15 islas es uno de los mayores tesoros del turismo colonial. Máximo exponente del lujo, fusiona la naturaleza más salvaje con imponentes playas coralinas bañadas por el Índico.



Las paradisiacas playas de las Seychelles.SHUTTERSTOCK


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Anda siempre el hombre buscando el paraíso desde que Eva mordiese la manzana; a la caza de ese Edén perfecto donde habitan los dioses, si es que los dioses existen. Un lugar tan exuberante, tan salvaje, tan violentamente bello, que los seres más antiguos que poblaron el mundo lo llamaron el Tercer Cielo. Difícil misión la de ponerle coordenadas a semejante territorio. Quizá ni siquiera exista. Pero si existe, tal vez el paraíso era esto: un cóctel de 150 islas germinadas en el Índico como un milagro de la naturaleza, vírgenes e indómitas hasta que en el siglo XVIII fueron descubiertas por los franceses. Bienvenidos a Seychelles. Hoy, apenas 100.000 habitantes completan el censo de un país suspendido en el tiempo, como una postal infinita que se resiste a entrar en el bucle del turismo masivo. La herencia colonial sigue empapando cada latido del archipiélago. De los franceses se quedaron el nombre en honor a Jean Moreau de Séchelles, ministro de finanzas del rey Luis XV, como un bautismo de fuego. De los ingleses, la costumbre de beber té y de conducir por la izquierda. Y entre unos y otros, el legado de los esclavos africanos sobrevive en el ADN criollo. Y es esta mezcla de siglos y de idiomas, de razas y de sangres, la que hace de este archipiélago uno de los destinos más fascinantes del mundo. Fascinantes y exclusivos.


Las villas del Hilton Seychelles Northolme Resorts & Spa.


Porque si algo ofrece Seychelles al visitante es exclusividad. La mayoría de los hoteles huyen del concepto caribeño del todo incluido; nada de estudiantes celebrando el fin de curso, nada de discotecas abiertas hasta el amanecer, nada de pulseritas con las que aliviar la sed hasta la borrachera. Seychelles es un bálsamo de playas eternas y naturalezas imposibles que invita a olvidarse de los ruidos del mundo. Si acaso su capital, una de las más pequeñas del planeta con tan solo 26.000 habitantes, nos devolverá por un momento al bullicio de la civilización.

ENTRE MONTAÑAS Y PLAYAS

Enclavada en la isla de Mahé, la mayor de todo el archipiélago, Victoria es una coqueta ciudad en miniatura que concentra la cultura del país en un exótico puñado de calles. Rodeada de montañas graníticas y una vegetación desesperada, es un claro ejemplo de la colorista arquitectura colonial africana, salpicada de divertidos edificios de madera de todos los colores. Es su pequeño Museo Nacional de Historia, construido en 1885, su construcción más antigua. Y tal vez su pequeña réplica del Big Ben, en la rotonda principal de la ciudad, sea también su monumento más representativo; plateado y de apenas tres metros de alto, se encuentra en la intersección de las dos calles más importantes, no muy lejos del lugar donde hasta hace no mucho estuvo el único semáforo de todo Seychelles. No es Victoria una ciudad de construcciones altísimas. De hecho, existía en el archipiélago la prohibición de levantar edificios más altos que una palmera para no romper la armonía del paraíso. Y así fue durante décadas hasta la llegada de un jeque que, a golpe de talonario, cambió la norma y comenzó a construir arquitecturas algo más esbeltas. No esperen, sin embargo, grandes rascacielos en Seychelles.


Una de las famosas tortugas del archipiélago.SHUTTERSTOCK


Aún en Victoria, es obligada la visita a su mercado, uno de los pocos lugares donde tomar la temperatura de la población local; pescado fresco, verduras y especias son el alma de este zoco seycheluá que nos lleva, quizá, a los orígenes; además del turismo, uno de los motores económicos de la región es la exportación de la canela y el coco. Son precisamente las especias y las hierbas aromáticas las que imprimen el carácter a la gastronomía del archipiélago, fusionada entre la tradición criolla, francesa, china e india. El resultado es una explosión de salsas y sabores que vuelven una y otra vez al ajo y al jengibre, a los chiles y, por supuesto, a las frutas: papaya, mango, piña, guayaba, pomelo o fruta de la pasión. Más cosas: el citronelle es un té típico de hierbas, el calou un zumo de coco fermentado, el Takamaka es la marca de ron más famosa del país, casi una religión, y Seybrew y Eku sus cervezas locales. No muy lejos de Victoria, en lo alto de la montaña, Mission Lodge es otra vuelta de tuerca al pasado; antigua escuela para hijos de esclavos liberados en el siglo XIX, hoy es un mirador declarado Patrimonio de la Unesco. El balcón fue construido en 1972 con motivo de la visita al país de la reina Isabel II de Inglaterra -que también inauguró el único aeropuerto internacional-, y las vistas de la costa oeste de Mahé son impagables. Otro selfie que llevarse de recuerdo.

OFERTA HOTELERA Y tras la historia y la cultura llega el descanso. Porque la oferta hotelera de Seychelles es uno de sus grandes reclamos. El lujo a pie de playa elevado a su máximo exponente; la filosofía zen de sus villas; el trato personalizado; la exclusividad elevada al cubo; el no va más de las cinco estrellas; el turismo premium. Un pequeño bocado a esta filosofía es el Hilton Seychelles Northolme Resorts & Spa, a escasos kilómetros de la capital. La privacidad de sus villas con piscina, que descienden por la ladera de la montaña hasta la orilla del Índico, contrasta con el ambiente relajado de su gin bar The Lower Deck, donde cocteleros llegados de todo el mundo hacen auténtica magia. Y atención: se cuenta que Ian Fleming era cliente habitual de este hotel, y debió de inspirarse en sus insultantes atardeceres para escribir algunas de las novelas de James Bond. Y por si las habitaciones privadas no fueran suficiente, existe la posibilidad de contemplar la puesta de sol desde otra perspectiva: Creole Travel Services organiza cruceros por la costa a bordo de un yate, con cócteles y aperitivos locales. Piscina del Four Seasons Resort Seychelles.La mayoría de la oferta hotelera se concentra, como no, en Mahé y la segunda mayor isla del archipiélago, Praslin (con su endémico loro negro y sus orquídeas de vainilla, y donde el general Charles George Gordon de Jartum estaba convencido de que se hallaba el jardín del Edén). Pero hay más opciones. Como la que ofrece el Four Seasons Resort Seychelles en Desroches Island. Una isla para todo un hotel. O un hotel para toda una isla. Para alojarse en una de sus 10 suites, 51 villas u 11 residencias solo se puede llegar en avión privado, propiedad del hotel (incluido, por cierto, en el Top 10 de la revista Forbes). Desde que el staff recibe a los huéspedes a pie de pista, todo es lujo, lujo y más lujo en los escasos 14 kilómetros que mide la isla coralina de Desroches. Desde los cuidados jardines y sus palmeras a su spa, sus playas privadas o el faro que corona uno de sus restaurantes. Por supuesto, hay que visitar su santuario de tortugas, donde se trabaja en la conservación de la especie gigante de aldabra, la más grande tras la de Galápagos. Entre los más de 150 ejemplares de este refugio destaca George, toda una celebrity internacional. Aunque no se conoce su edad con exactitud, se calcula que podría tener 150 años. Y atención: estos animales pueden vivir más allá de los 200. Perfecto, pues, para repetir la visita dentro de algún tiempo. George seguirá descansando debajo de la quietud de alguna palmera. Y el paraíso seycheluá que enamoró a los primeros colonos... también. GUÍA PRÁCTICA CÓMO LLEGAR. Emirates vuela desde Madrid y Barcelona, con escala en Dubai. Si pueden permitírselo, la business class del Airbuss 380 es, no hay duda, la guinda de las vacaciones perfectas. Ice, su programa de entretenimiento, es solo la punta del iceberg de un avión que tiene, incluso, un increíble bar a bordo. DÓNDE DORMIR. Four Seasons Resort Seychelles de Desroches Island. Una isla para todo un hotel. Cuenta con 10 suites, 51 villas u 11 residencias. Solo se puede llegar en avión privado, propiedad del hotel incluido en el Top 10 de los mejores del mundo de la revista Forbes. Hilton Seychelles Northolme Resorts & Spa. Cinco estrellas a escasos kilómetros de la capital, Mahé. Un imprescindible del archipiélago. DÓNDE COMER. En Le Jardin du Roi. En el corazón de la montaña de Mahé, este restaurante es una ventana a la tradición criolla del país. Pescados, especias y frutas exóticas con vistas al Índico. MÁS INFORMACIÓN. En la web oficial de Turismo de Seychelles:www.seychelles.com.

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